Descripción
Este cuadro es mi representación futurista de El arca de Noé.
Imagina un símbolo inesperado: un casco de soldado de asalto convertido en arca, refugio para seres y personas que huyen de ser devoradas por una ola gigante.
La obra alude a lo olvidado.
Algunos investigadores y divulgadores alternativos plantean que la humanidad podría arrastrar una amnesia colectiva como consecuencia de un trauma ocurrido tras las grandes inundaciones al final de la Edad de Hielo, hace unos 12.900 años.
Desde esta perspectiva, habríamos perdido la memoria de sociedades mucho más avanzadas, incluso más que nuestra propia civilización actual, con posibles centros en Göbekli Tepe, la Atlántida, Egipto o India.
Esta obra nace con la intención de honrar aquellos saberes atribuidos a los antiguos —en medicina, arquitectura, astronomía o geometría sagrada— unidos a una visión del mundo más amplia y amable, en comunión con lo invisible.
También se dedica a los hallazgos que, todavía hoy, la ciencia ortodoxa no puede —o no quiere— explicar, tal como ironiza la historiadora del arte Eugenia Tenenbaum en su libro La mirada inquieta: a veces es demasiado difícil “sacarse la cabeza del culo” para admitir que un paradigma puede caer ante nuevas evidencias.
La forma rígida, fría y anónima del casco se transforma aquí en un recipiente esperanzador que guarda lo más luminoso: la “herencia de Skywalker”, la chispa de la rebelión, el acto de cuestionar la autoridad y la esperanza de recuperar lo sagrado perdido en medio de la oscuridad.
Como un espejo de nuestra propia existencia, esta obra nos invita a preguntarnos:
👉 ¿Puede lo impuesto, lo aceptado como “realidad incuestionable”, llegar a contener y proteger lo vivo, lo rebelde, aquello que inevitablemente está sujeto al cambio?
Más que un objeto, El arca de Skywalker es un símbolo del contraste eterno entre control y libertad, entre sombra y luz, entre olvido y memoria, entre consciente e inconsciente.







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